Mi proceso como coach fue una
experiencia muy enriquecedora y gratificante ya que pude observar diferentes
aspectos y situaciones que podrían ayudarme en mi vida personal. A esto me
refiero con la organización y con el compromiso que debo de tener más fuerte en
mi vida. Encontré que, ser coach, no es tan solo ayudar y guiar a tu coaching;
sino que también te ayuda a ti mismo. Esto es lo más satisfactorio pues no
había percibido ni vivido dicha experiencia.
Algo que encontré como beneficio
fue la capacidad que tengo para establecer
una conexión y vínculo con la otra persona y enfocarme en los objetivos
que se quieren obtener: las metas y logros de la otra persona. Asimismo, dichas
metas, también las veo como mías ya que estoy involucrada en el proceso y
puedo, de alguna u otra manera, ayudar a que esto se cumpla.
En un primer momento, me sentí
con una responsabilidad muy grande que no sabía si quería cumplir o hacerme
cargo; sin embargo, a medida que pasada el tiempo y sobre todo con este
ejercicio de “La rueda de la vida” pude atribuirme cualidades y responsabilidades
que me gustan y que también las veo como reto. De la misma manera, logré ser
parte de la rueda de mi coaching. A esto me refiero que, si había cierta duda o
dificultad que atravesaba, yo contaba con los recursos y herramientas para que
saliera de esas dudas y avanzar.
Por último, es importante señalar
que mi perspectiva de vida logró un cambio, no sé si grande, pero observar más
allá de lo que siempre veo, darme la posibilidad de aprender a ayudar y
ayudarme a mí misma con una misma situación y tener conciencia de los recursos
personales que poseo para afrontar algún contexto.
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